El ser humano, a pesar de tener, relativamente, muy poco
tiempo viviendo en este planeta, ha evolucionado de un modo impresionante
comparado con cualquier otra especia que haya existido en la Tierra. La
capacidad intelectual y creativa le ha traído muchos beneficios, aunque también
no pocos perjuicios. Comenzando por el surgimiento del lenguaje y partiendo de
él, no ha parado en su búsqueda por el conocimiento y las formas de
transmitirlo a sus congéneres.
Las TICs son un producto de dicha genialidad y búsqueda del
hombre que buscando una forma de transmitir más rápida, eficiente y claramente
su mensaje creó dichas tecnologías descubriendo nuevas cosas o tomándolas de
personas que estuvieron antes que él y unificando esos datos. Computadoras,
televisores, radios, la intenet son parte de las Tecnologías de la Información
y la Comunicación, cuya función obvia y primordial es la da de permitir y
facilitar la comunicación entre grupos o individuos.
Actualmente vivimos en una sociedad de la información, sobre
saturada diría yo, en la que el saber manejarla y analizarla es primordial para
no ser víctimas de la vorágine de datos que se arrojan cada segundo y las TICs
pueden ser un arma de doble filo, bastante positivas si se sabe manejar la
información y esta se utiliza para propósitos culturales y científicos, conectar
lugares distantes entre sí y enriqueciendo humanamente a quien es expuesto a
ese contacto, pero pueden resultar incluso nocivas si estas se utilizan para
fines ociosos como lo pueden ser los juegos en línea hasta ser capaces de
cometer delitos cibernéticos, más comunes en las emergentes compras en línea.
Es difícil imaginar, en estos tiempos, una vida sin redes
sociales, sin televisión, sin celulares y sin todas esas cosas que nos hacen
más ligeras las tareas que a diario hacemos. Podríamos hacer un ejercicio de
imaginación y ubicarnos en el tiempo que así era, los años que nuestros
abuelos, bisabuelos y tátara abuelos vivieron; ¿cómo se las arreglaban para
enterarse de diversos acontecimientos? ¿cómo le hacían para poder comunicarse
entre ellos? Con las rudimentarias tecnologías de aquellos tiempos o a veces,
debido a la ausencia de alfabetización, ni siquiera podían hacerlo. Sin embargo
hay sitios en el mundo en el que existe una situación muy parecida, zonas marginadas
en todos los continentes en las cuales no llegan los medios ni las tecnologías
condenado, prácticamente, al rezago de sus poblaciones. Rezago hasta cierto
punto porque, al igual que nuestros abuelos, el carecer de celulares o
computadoras, les hace ver y vivir la vida de una manera completamente
diferente al espantoso ritmo urbano, lleno de smog, de la vorágine que engulle
a todo el que se acerca y la globalización que todo lo homogeniza pero más que
nada del efecto que producen al aislar al ser humano de su participación real y
no virtual, en la vida social; este efecto es muy identificable en los jóvenes,
es común ver a multitudes de ellos con la cabeza agachada viendo sus celulares
ajenos a lo que sucede alrededor. Es como la parodia a una frase que dijo John
Lennon, “La vida es eso que sucede
mientras ves el celular”.
Las TICs tienen el futuro asegurado en el hecho de que no
perecerán sino que evolucionarán. Cada año surgen nuevas innovaciones
tecnológicas que hasta hace unos meses nos parecían inconcebibles. Pero hay que tener una posición
de cuidado con tantos productos y es algo en lo que pocos se fijan y que, en lo
personal, creo primordial: ¿Qué impacto ecológico tiene el producir tantos
aparatos tecnológicos? ¿En qué condiciones están los trabajadores que los
fabrican? Y una última pero no menos importante: ¿Cuánto tiempo aguantará
nuestro planeta la producción antes que se acaben los recursos?